viernes, 8 de enero de 2010

Ciclos Circadianos

¿Qué es lo peor que te ha podido pasar en la vida?

A mi me gusta ser funcional, incluso para preguntas tan ambiguas y con un carácter tan subjetivo como esta. Y es que, a mi la vida me ha sonreído siempre, mi familia me quiere, tengo pocos amigos pero bastante buenos, gozo de buena salud y no me hace falta gran cosa para ser feliz, si bien esto no es excusa para ser un amargado al fin y al cabo los grandes sucesos que acontecen en nuestra vida no influyen tanto como las revistas de psicología positiva y la nueva terapia gestáltica nos hacen creer.

Lo importante, lo que marca nuestras acciones y conductas son las chorradas cotidianas, todas esas pequeñas situaciones diarias -tanto positivas como negativas- que hace que besemos a un cocodrilo o que lancemos cuchillos a nuestra novia. Perder el autobús por la mañana hará que lleguemos de morros al trabajo, no obstante si la chica del mostrador nos sonrie y nos invita al café se nos quitarán todas las tonterias de golpe... volubles, complejos cotidianamente, simples como el mecanismo de un yoyó desde un prisma mayor. Y desde este punto de vista, desde el concepto ya acuñado de "Psicología de las pequeñas cosas" o " de las cosicas chiquiticas" me gusta hacerme el guay ante esta pregunta, ¿Qué es lo peor que me ha pasado en la vida? sencillamente sonrio y digo "nada".

Vale, de acuerdo, esto tampoco es así, si las pequeñas cosas son las que rigen nuestro caracter ¿por qué hay gente deprimida? y lo que es peor ¿por qué hay gente que debería estar deprimida y sin embargo es feliz? -Percepción my friend- no es lo mismo ver Requiem por un Sueño con tus colegas fumando porros, que después de haber suspendido cinco asignaturas. Estoy a un suspiro de escribir la ecuación matemática de la felicidad mezclando cosas positivas, cosas negativas, frecuencia, intensidad, percepción y control sobre esta... tantos años estudiando psicología y me es complicadísimo explicar la conducta humana en función de constructos y procesos básicos psicológicos. Con déficit en neurotransmisores es más sencillo y además es más probable que sea correcto, en vez de tantas tonterías psicológicas... ¡bah! no hagais caso a nada de lo que he escrito. No sirve para nada.

¿Qué es lo peor que te ha podido pasar en la vida?

Eso de "nada" es sólo delante de la gente, para quedar bien, si que hubo una cosa que cambió mi vida radicalmente: Entrar en la universidad por la tarde. Y recalco la palabra tarde. Muchos de vosotros lo comprendereis, después de pasarme una infancia levantándome a las ocho para ir al cole y una adolescencia a las siete para ir al insti... después de eso no pueden ponerte una clase a las cuatro de la tarde, cuando ya se ha perdido todo el fuelle mañanero, cuando ya han acabado los simpsons, cuando todavia tienes los macarrones asomando por la garganta. El caso es que tampoco quería quejarme de la hora de ir a la universidad, sino mas bien a como poco a poco se van alargando las noches, al fin y al cabo ¿quien necesita desayunar tan temprano?

Noches de messenger, de Age of empire on line, documentales de Odisea y ¿por qué no? onanismo ¡Qué bien! las ocho horas de sueño se iban desplazando poco a poco, acababan los late nights, ¡necesitaba más late nights! Tres de la mañana... me pasaré de nuevo el commandos, cuatro de la mañana, ¿Porqué los hombres no saben planchar? creo que veré el documental, cinco de la mañana... solitario spider, seis de la mañana, ¡¡Apaga la puta guitarra!!

"Pedro, no podemos seguir asi, tu padre y yo necesitamos dormir, puerta para arriba, puerta para abajo, la tele, las teclitas... haz algo hijo, estudia, búscate un trabajo..."

Y así empecé a trabajar en Eroski, y os diré una cosa, toda la mercancía que se dirigía a todos los supermercados de Eroski en Andalucía pasaba por mi supervisión, y en más de un año no hubo ni un solo error.

Ahora todo encajaba: de once de la noche hasta las siete de la mañana currando, llegaba a casa, dormía hasta las tres de la tarde, ducha, comida y a la facultad, hasta las ocho, a casa, cena y a trabajar de nuevo. Perfecto, ¿perfecto? y una mierda, había algo que en mi absoluta sabiduría no había calculado, y es que siempre hay que ir un poquito antes a trabajar y que a las siete nada mas salir, no me pondría a dormir, había veces que llegaba a mi casa casi a las nueve y sin sueño, y lo peor era cuando por algún motivo había que hacer papeles a las doce de la mañana, el perfecto equilibiro de sueño-trabajo-universidad se iba a tomar por culo.

Un año más tarde había dejado la carrera, el trabajo y tenía una maravillosa y contemporánea depresión. Granada.

Los dos primeros años pasaron sin novedad, me adapte perfectamente al ritmo de vida, nadie me decía nada, y como salía bastante de fiesta (alguna que otra vez, logré salir todos los días de la semana), no tuve ningún problema, era muy feliz. La cosa cambió cuando empecé a vivir solo, se empezó a gestar en mi lóbulo frontal otro problemilla nuevo, un principio de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) De ser un tío bastante despreocupado en cuanto a los quehaceres cotidianos, pasé convertirme en una maruja nocturna, que no soportaba que le ensuciasen vasos, que tenía todas sus cosas desordenadas, pero estratégicamente colocadas para no perder tiempo buscándolas. Aquello no fue a más gracias a la que es hoy por hoy mi mejor adquisición: una mala bestia con el nombre del cantante de Tool, me quitó todas las tonterías de golpe, dejé de preocuparme por mis más valiosas posesiones -tampoco es que tuviera muchas- porque las devoró todas... volví a convertirme en un guarro.

Ahora he vuelto a mi ciudad de origen, sigo sin trabajo, sin poder estudiar y paso de la gran mayoría de cosas que ocurren a mi alrededor ...sin preocupaciones... eso si, ahora duermo mucho peor que antes.

1 comentarios:

A las 9 de enero de 2010, 8:35 , Blogger Tito G ha dicho...

ya me referí a una parte en mi blog con el ejemplo del club de la lucha, me encanta la psicología de las pequeñas cosas, ayuda bastante en los tiempos que corren

no sabes como me ha gustado ésta actualización pit, chapeau

 

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